Sandra Avila
Buen trato, buen personal que te organiza el viaje, excelente!
¿Adónde vas?
Huéspedes
1 Habitación — 2 adultos
Preferencias
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Una isla volcánica de eterna primavera donde el mar se estrella contra acantilados de vértigo y los senderos siguen antiguos canales de agua entre laureles. Desde las calles empedradas de Funchal hasta los picos que asoman sobre un mar de nubes, Madeira se recorre despacio, con una poncha en la mano y montaña a la vista. Esta guía te ayuda a decidir qué ver, cuándo ir y dónde alojarte.
Los imprescindibles del destino, elegidos para inspirar tu viaje.
La capital concentra el Mercado dos Lavradores, la catedral y la Rua de Santa Maria, donde decenas de puertas pintadas por artistas convierten el casco viejo en una galería al aire libre.
Una red de canales de riego centenarios se adentra en el bosque de laurisilva, Patrimonio de la Humanidad. Rutas como las 25 Fontes o el Caldeirão Verde regalan cascadas y verde intenso.
El sendero que une las dos cumbres más altas discurre por crestas afiladas, túneles y miradores sobre un mar de nubes. Es una de las caminatas más espectaculares de Portugal.
Uno de los acantilados marinos más altos de Europa, con una pasarela de suelo de cristal suspendida sobre el océano y las huertas costeras que aún se cultivan a su pie.
Un teleférico sube desde Funchal hasta Monte, con sus jardines tropicales y su iglesia. La bajada tradicional en carros de cesto de mimbre, guiados por carreiros, es pura tradición madeirense.
En el extremo noroeste, la lava solidificada forma piscinas naturales de agua salada donde bañarse resguardado del oleaje del Atlántico.
La espetada de carne en varas de laurel, el bolo do caco con mantequilla de ajo, el pescado espada con plátano y la poncha resumen una cocina isleña honesta y sabrosa.
Madeira presume de primavera eterna: temperaturas suaves todo el año y microclimas marcados, con un sur más seco y soleado y un norte más verde y húmedo. Casi cualquier mes es buen momento; la diferencia está en las multitudes y en lo que quieras hacer.
Suave y florida, con la Festa da Flor tiñendo Funchal de color. La mejor combinación para caminar por las levadas antes del calor y con el paisaje en su punto más verde.
La época más cálida, seca y animada, con el mar en su mejor momento para el baño y numerosas fiestas. También la más concurrida, sobre todo en Funchal y las piscinas naturales.
El mar sigue templado y las multitudes bajan. Coincide con la vendimia del vino de Madeira y ofrece días agradables para senderismo y avistamiento de cetáceos.
Templado y perfecto para escapar del frío. El fin de año llena Funchal para sus famosos fuegos artificiales sobre la bahía; conviene reservar con mucha antelación.
Los barrios y zonas con más encanto para quedarse a dormir.
La capital y base natural de la isla: la mayor oferta de hoteles, restaurantes y vida, el casco antiguo y una zona hotelera junto al mar con acceso al océano. Ideal para quien viaja por primera vez y quiere tenerlo todo a mano.
Un auténtico pueblo pesquero a pocos minutos de Funchal, con barcas de colores, poncha en cada esquina y Cabo Girão muy cerca. Perfecto para un ambiente más tranquilo sin renunciar a la cercanía de la capital.
En el soleado suroeste, reúne una de las pocas playas de arena dorada de la isla, una marina y un ritmo pausado de resort. Una buena elección para combinar naturaleza con tiempo de playa.
En el rincón noroeste, junto a sus piscinas naturales, es la opción más espectacular y remota, rodeada de acantilados y paisaje bravo. Pensada para quien busca naturaleza por encima de todo.
Nuestra selección: valoración, ubicación y ese algo especial.
Pequeños detalles que hacen el viaje más fácil.
Es la forma más cómoda de descubrir la isla: el interior es montañoso, con túneles y carreteras empinadas, y el transporte público llega justo a los grandes núcleos. Conducir te da libertad para los miradores y pueblos.
Puede lucir el sol en Funchal y estar nublado en las cumbres o lloviendo en el norte. Lleva capas y un cortavientos impermeable aunque el día empiece despejado.
Usa calzado con buen agarre y lleva una linterna frontal para los túneles del Pico do Arieiro. Consulta el estado de los senderos en la web oficial, ya que pueden cerrarse tras las lluvias.
El amanecer sobre el mar de nubes es inolvidable, pero el mirador se llena y el aparcamiento es limitado. Llega muy temprano y abrígate: en las cumbres hace frío al alba.
La poncha, hecha con aguardiente de caña, miel y limón, es la bebida de la isla; la espetada, carne asada en varas de laurel. Pídelas en tascas y pueblos, no solo en Funchal.
Madeira usa el euro y la tarjeta se acepta en casi todas partes, pero conviene llevar algo de efectivo para mercados, pueblos pequeños y la bajada en carro de cesto.
Instantes del destino para ir abriendo boca.
Casi todo el año es buen momento por su clima suave. La primavera brilla por las flores y el senderismo, el verano por el mar y el ambiente, el otoño por la calma y la vendimia, y el invierno por escapar del frío y por los fuegos de fin de año.
Miles de viajeros ya confían en nosotros