Sandra Avila
Buen trato, buen personal que te organiza el viaje, excelente!
¿Adónde vas?
Huéspedes
1 Habitación — 2 adultos
Preferencias
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Mallorca cabe en un solo viaje y en mil recuerdos: amaneceres desde el Cap de Formentor, la Catedral de Palma reflejada en el mar, pueblos de piedra colgados de la Tramuntana y calas escondidas donde el agua parece un cristal. Esta guía te lleva de lo imprescindible a los rincones con calma, y te ayuda a elegir dónde dormir según el viaje que buscas.
Los imprescindibles del destino, elegidos para inspirar tu viaje.
El casco antiguo de Palma se recorre a pie entre patios señoriales y la imponente Catedral gótica junto al mar, cuyo rosetón inunda de color el interior.
Declarada Patrimonio Mundial, esta sierra de olivos milenarios, bancales de piedra y pueblos como Valldemossa y Deià regala las carreteras y miradores más bellos de la isla.
Desde el arenal virgen de Es Trenc hasta la diminuta Caló des Moro, el sur y el este esconden calas de aguas transparentes rodeadas de pinos y acantilados.
En el extremo norte, la carretera del Formentor serpentea entre acantilados hasta un faro batido por el viento, con miradores como Es Colomer sobre un mar infinito.
La ensaïmada, el pa amb oli con aceite y sobrassada, el tumbet y el frit mallorquí resumen una cocina de mercado, almendros y viñedos que se disfruta con calma.
Un tren histórico de vagones de madera cruza túneles y naranjales desde Palma hasta Sóller, donde un tranvía baja al puerto entre montañas de la Tramuntana.
Mallorca disfruta de un clima mediterráneo suave que la hace agradable casi todo el año. El verano concentra sol, playa y multitudes; la primavera y el otoño ofrecen lo mejor de la isla con más calma.
La isla se llena de verde y flores, con temperaturas ideales para caminar por la Tramuntana o pedalear entre pueblos. Poca gente y precios más amables antes del gran empujón del verano.
Temporada alta: días largos, mar cálido y ambiente en cada cala y chiringuito. También el momento más concurrido y caluroso, así que conviene madrugar en las playas y reservar con antelación.
Quizá la mejor época: el mar sigue templado para bañarse, baja el gentío y septiembre mantiene el buen tiempo. Ideal para combinar playa, senderismo y gastronomía sin agobios.
Mallorca se vuelve tranquila y auténtica. Muchos hoteles de costa cierran, pero Palma sigue viva con su cultura, y en febrero los almendros en flor tiñen el campo de blanco y rosa.
Los barrios y zonas con más encanto para quedarse a dormir.
La capital combina casco antiguo, museos, mercados y una escena gastronómica vibrante. Perfecta para quien quiere ciudad, cultura y vida todo el año como base para explorar la isla.
En el norte, playas de arena fina y aguas poco profundas ideales para familias, junto al casco medieval de Alcúdia y las ruinas romanas de Pollentia.
Entre montañas y mar, Sóller y su puerto conquistan a senderistas y amantes del paisaje, con el encanto del tranvía, los naranjales y los pueblos de la Tramuntana cerca.
Un rosario de calas tranquilas y puertos pesqueros con encanto, perfecto para parejas y quienes buscan playas bonitas y un ritmo relajado lejos del bullicio.
La bahía al oeste de Palma mezcla marinas elegantes como Puerto Portals con resorts animados; buena opción si quieres playa, ocio y estar cerca de la ciudad y el aeropuerto.
Nuestra selección: valoración, ubicación y ese algo especial.
Pequeños detalles que hacen el viaje más fácil.
Un coche te abre las calas y los pueblos de montaña; en verano el aparcamiento es escaso, así que madruga. Para moverte sin conducir, los autobuses TIB conectan las localidades principales.
Rincones como el Caló des Moro o Sa Calobra se llenan a media mañana y el aparcamiento se agota pronto. Llega temprano o a última hora para disfrutarlos con más calma.
El sol de verano aprieta: lleva agua, gorra y crema solar, y busca sombra al mediodía. El mar se mantiene agradable para bañarse hasta bien entrado octubre.
No te vayas sin probar una ensaïmada, un buen pa amb oli o el tumbet. Muchos restaurantes cierran a media tarde, así que planifica las comidas con margen.
Se paga con tarjeta casi en todas partes, pero conviene llevar algo de efectivo para mercados, chiringuitos y pequeños bares de pueblo.
En Mallorca conviven el catalán (mallorquí) y el castellano; en zonas turísticas se entiende también el inglés. Unas palabras en catalán siempre se agradecen.
Instantes del destino para ir abriendo boca.
Depende de lo que busques: junio a septiembre para playa y ambiente, y primavera u otoño si prefieres buen tiempo con menos gente. Septiembre suele ser un gran equilibrio entre mar cálido y calma.
Miles de viajeros ya confían en nosotros